Autor: Sandra Cantalejo

  • Comunicación sanitaria y marketing sanitario: diferencias y cómo deben trabajar juntos

    Comunicación sanitaria y marketing sanitario: diferencias y cómo deben trabajar juntos

    Comunicación y marketing aparecen continuamente juntos cuando hablamos de la presencia digital de una clínica.

    Y es lógico.

    Los dos pueden utilizar una página web, crear contenidos, trabajar las redes sociales o participar en la estrategia digital de una organización.

    Por eso tampoco me extraña que muchas veces terminemos utilizando los dos términos casi como si fueran intercambiables.

    Pero no son exactamente lo mismo.

    Y entender la diferencia no es una cuestión teórica. En la práctica, ayuda bastante a decidir qué necesita realmente una organización y, sobre todo, a evitar que toda su presencia digital termine reducida a conseguir alcance o captar pacientes.

    ¿Qué entendemos por comunicación sanitaria?

    En el primer artículo de este blog hablábamos de comunicación sanitaria como la forma en la que profesionales y organizaciones del ámbito de la salud se relacionan y comparten información con sus diferentes públicos.

    Eso incluye, por supuesto, la comunicación dirigida a pacientes, pero también puede incluir la relación con otros profesionales, instituciones, medios de comunicación o la sociedad.

    Cuando trabajo la comunicación de una organización me interesa especialmente pensar en qué estamos consiguiendo que otra persona entienda y perciba de ella.

    Por ejemplo, una clínica puede querer ser reconocida por la experiencia de su equipo en una determinada especialidad.

    La comunicación tendrá que ayudarnos a hacer visible esa experiencia.

    Habrá que revisar cómo presentamos a los profesionales, qué espacio tienen en la web, qué contenidos pueden aportar o cómo explicamos aquello en lo que están especializados.

    No basta con escribir que contamos con «un equipo altamente cualificado».

    De hecho, esa frase aparece en tantas webs que probablemente ya diga bastante poco.

    Es mucho más interesante encontrar la manera de que una persona pueda llegar a esa conclusión por lo que le estamos mostrando.

    ¿Y qué papel tiene el marketing sanitario?

    El marketing sanitario incorpora otra serie de preguntas.

    Nos interesa entender a quién queremos llegar, qué necesidades tiene, cómo busca información y qué podemos hacer para que encuentre nuestra organización cuando pueda necesitarla.

    Ahí entran decisiones relacionadas con el posicionamiento en Google, los contenidos, las redes sociales, la publicidad o la propia estructura de la web.

    Imaginemos que una clínica tiene un equipo con mucha experiencia en un determinado tratamiento.

    Desde comunicación podemos trabajar cómo hacemos visible ese conocimiento.

    Desde marketing podemos estudiar si existen personas buscando información relacionada con ese tratamiento, qué términos utilizan y qué canales pueden ayudarnos a llegar hasta ellas.

    Son perspectivas diferentes, pero resulta bastante evidente que una necesita a la otra.

    El problema aparece cuando conseguimos visibilidad, pero no hemos trabajado qué queremos mostrar

    Pongamos un ejemplo.

    Una clínica decide invertir para aumentar el tráfico hacia su web.

    La campaña funciona y empiezan a llegar más usuarios.

    Hasta aquí, perfecto.

    Pero esas personas aterrizan en una página en la que apenas se presenta al equipo, cuesta entender la especialización de la clínica y la información es prácticamente igual a la que podrían encontrar en muchas otras.

    Hemos conseguido más visitas.

    Usuario consultando la presencia digital de una clínica dental

    Lo que no hemos conseguido necesariamente es que esas visitas entiendan por qué deberían tener en cuenta esa clínica.

    Y aquí es donde para mí se ve muy bien la relación entre marketing y comunicación.

    Conseguir que alguien llegue es importante. También lo es decidir qué queremos que encuentre cuando llegue.

    También puede ocurrir al revés

    Podemos encontrarnos con una organización que está haciendo un trabajo excelente de comunicación.

    Tiene profesionales que explican muy bien, contenidos rigurosos, una web cuidada y temas que realmente pueden resultar útiles.

    Pero nadie los encuentra.

    Un artículo puede ser estupendo y responder perfectamente una duda frecuente de los pacientes. Si no hemos tenido en cuenta cómo buscan esa información o Google no consigue entender de qué trata, probablemente tendrá muy poco recorrido fuera de las personas que ya conocen la organización.

    Lo mismo puede pasar en redes sociales.

    Podemos producir contenidos muy buenos sin haber pensado cómo distribuirlos, a quién queremos llegar o qué papel desempeña cada canal.

    Por eso tampoco creo que la solución sea elegir entre comunicación o marketing.

    Necesitamos saber qué aporta cada uno y hacer que trabajen juntos.

    Equipo de una clínica dental consolidada durante su trabajo

    Una clínica dental permite verlo muy fácilmente

    Imaginemos una clínica dental que lleva más de veinte años funcionando.

    Buena parte de sus pacientes llegan recomendados y el equipo ha construido una reputación muy sólida en su entorno.

    Ahora la clínica quiere mejorar su presencia digital.

    Podríamos empezar directamente con una campaña para captar nuevos pacientes.

    Pero yo preferiría mirar antes qué ocurre cuando alguien busca la clínica.

    Quizá descubrimos que esa reputación que existe fuera de Internet apenas se percibe dentro.

    Entonces tenemos trabajo que hacer.

    Desde la comunicación, necesitamos entender qué hace valiosa a esa clínica y cómo podemos trasladarlo.

    Desde el marketing, tendremos que estudiar cómo hacemos que las personas adecuadas encuentren esos contenidos y esa propuesta.

    Y después decidiremos qué herramientas necesitamos.

    Puede que una parte importante del trabajo esté en Google. Quizá necesitemos desarrollar determinadas páginas de la web. Las redes sociales pueden ayudarnos a hacer más visible al equipo y el blog puede permitirnos trabajar búsquedas relacionadas con su especialización.

    No empezamos eligiendo herramientas.

    Empezamos entendiendo qué queremos conseguir.

    Las redes sociales están justo en medio de esta relación

    Instagram o LinkedIn son un ejemplo estupendo de por qué resulta difícil separar completamente comunicación y marketing sanitario.

    Una red social puede ayudarnos a ganar visibilidad y llegar a personas que todavía no conocen la organización.

    Eso tiene claramente una dimensión de marketing.

    Pero todo lo que hacemos una vez que tenemos su atención: qué contamos, quién aparece, cómo explicamos un tema o qué percepción estamos construyendo, tiene muchísimo que ver con comunicación.

    Por eso reducir las redes sociales a publicar contenido varias veces por semana se queda bastante corto.

    Antes necesitamos saber qué papel tienen dentro de la estrategia.

    Habrá clínicas para las que Instagram sea especialmente interesante. En otras organizaciones sanitarias quizá LinkedIn tenga mucho más sentido. Y habrá situaciones en las que la prioridad debería estar en la web o en Google antes de aumentar la frecuencia de publicación en redes.

    Dependerá del punto de partida y de lo que queramos conseguir.

    ¿Dónde entra el posicionamiento?

    Para mí, aquí está uno de los puntos de unión más claros.

    El marketing puede ayudarnos a ganar visibilidad.

    La comunicación puede ayudarnos a construir una determinada percepción.

    Pero necesitamos decidir previamente por qué queremos que esa organización sea reconocida.

    Eso es lo que permite que después las decisiones tengan una dirección.

    Si una clínica quiere posicionarse por la experiencia de su equipo en una determinada área, podremos trabajar búsquedas relacionadas con ella, desarrollar contenidos específicos, dar mayor visibilidad a los profesionales y revisar cómo aparece esa especialización en la web.

    Entonces SEO, contenidos, redes sociales y comunicación empiezan a apoyarse entre sí.

    Y dejamos de tener acciones independientes que simplemente coinciden en el calendario.

    No todas las clínicas necesitan hacer más marketing

    Esta es una reflexión que aparece bastante en mi forma de entender este trabajo.

    Cuando una clínica quiere mejorar su presencia digital, la respuesta automática suele ser hacer más.

    Publicar más. Invertir más. Abrir otro canal.

    Pero una clínica consolidada puede tener ya algo mucho más difícil de conseguir que unas cuantas visitas: la confianza de sus pacientes y una buena reputación construida durante años.

    Antes de añadir nuevas acciones merece la pena preguntarse si estamos aprovechando bien ese punto de partida.

    Quizá necesitamos hacer más visible el conocimiento del equipo.

    Puede que tengamos que revisar una web que ya no representa a la clínica actual.

    O puede que exista muchísimo contenido, pero nadie tenga demasiado claro qué estamos intentando conseguir con él.

    Ahí comunicación y marketing deberían sentarse en la misma mesa.

    Entonces, ¿qué debería ir primero?

    No creo que tengamos que elegir entre comunicación o marketing.

    Lo que sí creo es que hay un orden lógico.

    Antes de intentar conseguir más visibilidad necesito entender qué organización tengo delante, dónde quiere llegar y por qué queremos que sea reconocida.

    Después podemos decidir qué necesitamos comunicar y cómo vamos a conseguir que llegue a las personas adecuadas.

    Esta forma de ordenar el trabajo es precisamente la que he llevado al Método IMPRONTA.

    Primero trabajo la identidad de la organización y su posicionamiento. Después buscamos cómo hacer visible y demostrar aquello que queremos poner en valor. A partir de ahí desarrollamos la comunicación y trabajamos para mantenerla de manera consistente.

    Marketing y comunicación aparecen durante todo ese recorrido.

    Porque al final no se trata únicamente de conseguir que más personas encuentren una organización sanitaria.

    Se trata de que, cuando la encuentren, entiendan realmente qué tienen delante.

    ¿Y cómo se lleva todo esto a la práctica?

    He ordenado mi forma de trabajar en el Método IMPRONTA, un proceso que parte de la realidad de cada organización antes de decidir qué y cómo vamos a comunicar.

  • Marketing sanitario: qué es y cómo aplicarlo sin perder la confianza del paciente

    Marketing sanitario: qué es y cómo aplicarlo sin perder la confianza del paciente

    Cuando hablamos de marketing sanitario, todavía es bastante habitual asociarlo directamente con captar pacientes.

    Y entiendo por qué.

    Una clínica es también un negocio y necesita pacientes para funcionar. Tiene un equipo, unas instalaciones y unos gastos que pagar, además de unos objetivos de crecimiento.

    El problema aparece cuando toda la estrategia empieza y termina ahí.

    Porque el marketing también puede ayudarnos a conseguir que una clínica sea encontrada, que una determinada especialización gane visibilidad o que el conocimiento de sus profesionales llegue a personas que están buscando información.

    Y cuando trabajamos en salud hay algo más que tenemos que tener muy presente: la persona que tenemos delante no está comprando cualquier producto o servicio.

    Puede estar preocupada por su salud, intentando entender un diagnóstico o valorando un tratamiento que no conoce.

    Por eso el marketing sanitario necesita estrategia, pero también bastante sentido común.

    ¿Qué es el marketing sanitario?

    El marketing sanitario reúne las estrategias y acciones que utilizan profesionales y organizaciones del sector salud para conocer mejor a sus públicos, posicionarse y hacer llegar sus servicios e información a las personas adecuadas.

    Dentro de él pueden entrar muchas de las herramientas que utilizamos en otros sectores: SEO, contenidos, redes sociales, publicidad digital, email marketing o una página web.

    La diferencia está en el contexto en el que las utilizamos.

    Pensemos en una clínica dental.

    Puede trabajar el SEO para aparecer cuando una persona busca información sobre un determinado tratamiento. Puede utilizar Instagram para mostrar a sus profesionales y explicar cuestiones que aparecen habitualmente en consulta. También puede desarrollar su web para que alguien que acaba de recibir una recomendación encuentre toda la información que necesita antes de contactar.

    Todo eso forma parte del marketing sanitario.

    La cuestión está en qué queremos conseguir con cada herramienta y cómo la utilizamos.

    El paciente ha cambiado su forma de informarse

    Hay una parte del marketing sanitario que me parece especialmente interesante y que está muy relacionada con lo que hablábamos en el artículo anterior sobre comunicación sanitaria.

    Tenemos muchísima más información a nuestro alcance.

    Antes de pedir una cita podemos buscar síntomas, tratamientos, profesionales, clínicas y opiniones de otros pacientes.

    Y esto tiene una consecuencia evidente para cualquier organización sanitaria: parte de la decisión puede empezar a producirse mucho antes del primer contacto con la clínica.

    Por eso importa aparecer en una búsqueda.

    Pero también importa muchísimo qué encuentra esa persona cuando aparecemos.

    Podemos invertir en conseguir más tráfico hacia una web, pero si al llegar cuesta entender quién está detrás de la clínica, qué experiencia tiene el equipo o qué puede esperar el paciente, habremos hecho solo una parte del trabajo.

    Ahí es donde marketing y comunicación empiezan a necesitarse mutuamente.

    No todo el marketing sanitario tiene que terminar en «Pide cita»

    Hay contenidos que pueden estar muy cerca de una decisión.

    Una persona busca un tratamiento concreto, llega a la página de una clínica que lo ofrece, conoce al profesional y decide contactar.

    Pero hay otros momentos en los que pedir una cita no tiene ningún sentido.

    Quizá esa persona está intentando entender qué significa un término que acaba de escuchar en consulta. O quiere saber cómo funciona un procedimiento. Puede que simplemente esté comparando información.

    En esos casos, ofrecer una respuesta clara y útil ya tiene valor.

    Esa persona puede no convertirse en paciente hoy. Puede incluso no hacerlo nunca.

    Pero la organización está haciendo algo importante: está demostrando conocimiento sobre aquello en lo que trabaja.

    Y eso también contribuye al posicionamiento.

    El conocimiento de los profesionales también es marketing

    Este es uno de los recursos que creo que muchas organizaciones sanitarias todavía aprovechan poco.

    Dentro de una clínica puede haber profesionales que llevan años respondiendo las mismas preguntas a sus pacientes.

    Profesional de una clínica dental creando contenido sanitario

    Saben qué dudas aparecen antes de un tratamiento, qué cuestiones generan más preocupación o qué conceptos resultan más difíciles de entender.

    Todo ese conocimiento puede convertirse en contenido.

    No hace falta convertir al profesional sanitario en creador de contenido a tiempo completo ni pedirle que se aprenda un baile de TikTok. Tranquilidad.

    Puede explicar una pregunta frecuente delante de una cámara, participar en un artículo del blog o ayudar a revisar un contenido para asegurarnos de que la información que publicamos es correcta.

    Además de aportar información útil, estamos haciendo visible algo que ya existe dentro de la organización: su conocimiento profesional.

    La confianza condiciona la forma de hacer marketing en salud

    Aquí está probablemente una de las mayores diferencias respecto a otros sectores.

    Cuando alguien está tomando una decisión relacionada con su salud, la confianza tiene un peso enorme.

    Por eso hay determinados recursos de marketing que pueden conseguir atención a corto plazo y, al mismo tiempo, perjudicar la percepción de una organización.

    Un titular exagerado puede conseguir un clic.

    Una promesa demasiado rotunda puede llamar la atención.

    Una promoción agresiva puede generar consultas.

    Pero también tenemos que preguntarnos qué estamos transmitiendo con ello.

    Especialmente cuando hablamos de organizaciones que llevan años construyendo una reputación profesional.

    No tendría mucho sentido poner en riesgo esa reputación para conseguir unas cuantas interacciones más.

    Una clínica consolidada parte de un lugar diferente

    Esto es especialmente importante para el tipo de clínica con el que quiero trabajar.

    Si una clínica acaba de abrir, probablemente tendrá unas necesidades muy concretas de visibilidad y captación.

    Pero una clínica que lleva veinte años funcionando puede encontrarse en una situación completamente distinta.

    Ya tiene pacientes. Existe una trayectoria. Hay profesionales con experiencia y probablemente buena parte de los nuevos pacientes llegan a través de recomendaciones.

    En ese caso, antes de pensar en hacer más marketing, me parece interesante preguntarnos qué estamos haciendo con todo ese valor que ya existe.

    ¿Aparece en la web?

    ¿Estamos haciendo visible al equipo?

    ¿Hay contenidos que permitan conocer su experiencia?

    ¿Lo que encontramos en Google está a la altura de la reputación que tiene la clínica fuera de Internet?

    El marketing puede ayudarnos a amplificar todo eso sin necesidad de convertir la comunicación de la clínica en una promoción permanente.

    SEO, contenidos y redes sociales dentro de una misma estrategia

    No todas las herramientas sirven para lo mismo.

    El SEO puede ayudarnos a aparecer cuando alguien ya está buscando información relacionada con aquello que hacemos.

    Las redes sociales permiten mantener un contacto más continuado y hacer visibles aspectos de la organización que quizá tienen menos espacio en la web.

    El blog nos permite profundizar en temas que requieren más explicación y trabajar búsquedas concretas a medio y largo plazo.

    Y la propia web es el lugar en el que podemos ordenar toda esa información y explicar con calma quiénes somos y cómo trabajamos.

    Lo interesante empieza cuando dejamos de pensar en cada canal por separado.

    Una persona puede descubrir un contenido en Instagram, entrar después en la web y meses más tarde buscar directamente el nombre de la clínica en Google.

    Otra puede llegar por primera vez a través de un artículo.

    No podemos controlar exactamente qué recorrido hará cada persona, pero sí podemos procurar que encuentre una organización reconocible y coherente en todos esos puntos de contacto.

    ¿Cómo saber qué necesita realmente una organización sanitaria?

    Antes de empezar a añadir acciones de marketing, volvería a mirar el punto de partida.

    Qué está funcionando actualmente.

    Cómo llegan los pacientes.

    Qué presencia tiene la organización en Google.

    Qué está ocurriendo en su web.

    Qué papel están desempeñando las redes sociales.

    Y, sobre todo, qué quiere conseguir.

    Porque quizá el problema no sea la falta de visibilidad.

    Puede que una clínica ya sea conocida, pero no esté consiguiendo trasladar al entorno digital aquello por lo que realmente quiere ser reconocida.

    En ese caso, invertir simplemente en conseguir más alcance no resolvería el problema de fondo.

    Necesitamos trabajar primero el posicionamiento.

    Marketing sanitario con una dirección clara

    Para mí, el marketing sanitario tiene sentido cuando cada acción responde a una razón.

    Si trabajamos SEO, quiero saber qué búsquedas nos interesa ocupar y por qué.

    Si hacemos contenidos, quiero entender qué papel tienen dentro del posicionamiento.

    Y si decidimos invertir en redes sociales, necesito saber qué esperamos conseguir con ellas más allá de mantenerlas activas.

    No creo que una clínica necesite estar continuamente haciendo más cosas.

    Muchas veces necesita ordenar mejor las que ya está haciendo y conseguir que todas trabajen en la misma dirección.

    Ahí es donde el marketing deja de ser una suma de acciones y empieza a formar parte de una estrategia.

    ¿Tu clínica lleva años haciendo bien las cosas, pero cuesta verlo en Internet?

    He desarrollado una línea específica de comunicación y marketing para clínicas dentales consolidadas que quieren trabajar su presencia digital desde la estrategia y el posicionamiento.

  • Cómo crear una estrategia de comunicación sanitaria paso a paso

    Cómo crear una estrategia de comunicación sanitaria paso a paso

    Cuando empiezo a trabajar la comunicación de una organización sanitaria, una de las cosas que menos me preocupa al principio es qué vamos a publicar en Instagram.

    Ya llegaremos ahí.

    Antes necesito entender qué tengo delante.

    Porque dos clínicas pueden ofrecer tratamientos similares y, sin embargo, tener una trayectoria, un equipo, una forma de trabajar y unos objetivos completamente diferentes. Si empiezo proponiendo los mismos contenidos para las dos, algo estamos haciendo mal.

    Para mí, una estrategia de comunicación sanitaria empieza precisamente ahí: entendiendo muy bien qué organización tenemos delante y qué queremos conseguir con su comunicación.

    A partir de ahí podemos empezar a tomar decisiones.

    1. Empezar por entender la organización

    Antes de hablar de canales, contenidos o frecuencia de publicación, necesito conocer la realidad de la organización.

    Y esto va bastante más allá de leer el apartado «Sobre nosotros» de la web.

    Me interesa saber cómo ha llegado hasta donde está, qué ha cambiado durante estos años, quién forma parte del equipo, qué servicios tienen más peso o hacia dónde quieren crecer.

    También hay una pregunta que suelo considerar especialmente útil:

    ¿Por qué os eligen hoy?

    Las respuestas pueden ser muy diferentes.

    Quizá buena parte de los pacientes llegan recomendados. Puede haber un profesional especialmente reconocido. Una clínica puede haberse especializado con los años en determinados tratamientos o haber desarrollado una forma de atender al paciente que marca una diferencia importante.

    Muchas veces existe muchísimo valor dentro de una organización que nunca se ha planteado como material de comunicación porque, para quienes trabajan allí todos los días, forma parte de lo cotidiano.

    Y precisamente ahí suelen aparecer algunas de las cosas más interesantes que tenemos que contar.

    2. Mirar la organización desde fuera

    Después hago el ejercicio contrario.

    Salgo de la organización y la busco como podría hacerlo alguien que no sabe nada de ella.

    ¿Qué encuentro en Google?

    ¿Qué impresión me da su web?

    ¿Entiendo rápidamente quién está detrás de la clínica?

    ¿Sé en qué están especializados sus profesionales?

    ¿Las fotografías corresponden con la realidad que voy a encontrar cuando llegue?

    ¿Qué cuentan sus redes sociales?

    ¿Hay coherencia entre todos esos puntos?

    Este ejercicio puede descubrir una distancia importante entre lo que la organización es y lo que actualmente está consiguiendo transmitir.

    Imaginemos una clínica dental con más de veinte años de trayectoria y profesionales con una enorme experiencia. Si entro en su web y apenas encuentro información sobre ellos, esa experiencia existe, pero una persona que llega por primera vez no tiene manera de saberlo.

    La estrategia empieza también por detectar esas distancias.

    3. Decidir qué queremos conseguir

    «Queremos mejorar las redes sociales» no sería para mí un objetivo de comunicación.

    Tampoco «queremos tener más seguidores».

    Necesito saber qué queremos conseguir realmente.

    Puede ser reforzar el posicionamiento de la clínica en una determinada especialidad, hacer más visible la experiencia de sus profesionales, mejorar la percepción digital de la organización o conseguir que la presencia online esté a la altura de la reputación que ya tiene fuera de Internet.

    Una vez sabemos eso, resulta mucho más fácil decidir qué necesitamos hacer.

    Y también qué no necesitamos hacer.

    Porque una estrategia sirve para elegir, no para acumular acciones.

    4. Tener claro a quién queremos hablar

    En sanidad, hablar de «pacientes» como un único público se queda bastante corto.

    No busca lo mismo alguien que necesita resolver una urgencia que una persona que lleva meses informándose sobre un tratamiento. Tampoco llega con las mismas dudas alguien que ya conoce la clínica porque se la ha recomendado un familiar que quien acaba de descubrirla en Google.

    Y una organización sanitaria puede necesitar comunicarse además con otros profesionales, instituciones, asociaciones o medios.

    Por eso necesito saber a quién quiero llegar y qué necesita encontrar esa persona en cada momento.

    Esto también cambia mucho la manera de crear contenido.

    No se trata simplemente de decidir temas que puedan resultar interesantes. Hay que pensar qué preguntas se está haciendo nuestro público y qué información podemos aportar nosotros.

    5. Definir el posicionamiento antes de empezar a comunicar

    Aquí hay una pregunta que parece sencilla, pero no siempre lo es:

    ¿Por qué queremos que nos reconozcan?

    Una clínica puede hacer muchas cosas bien, pero intentar comunicar todas con la misma intensidad suele terminar haciendo que ninguna destaque.

    Si existe una especialización importante, una determinada manera de trabajar o una experiencia profesional que queremos asociar a la organización, necesitamos darle espacio.

    Eso tendrá consecuencias en toda la comunicación.

    En los temas que trabajamos en el blog, en quién aparece en los vídeos, en cómo presentamos al equipo, en las páginas que desarrollamos en la web o en los contenidos que decidimos llevar a LinkedIn o Instagram.

    El posicionamiento no debería aparecer únicamente escrito en una frase bonita de la página de inicio. Tiene que poder demostrarse.

    6. Buscar las pruebas que sostienen lo que queremos contar

    Este paso me parece especialmente importante en comunicación sanitaria.

    Si decimos que una clínica tiene experiencia, ¿cómo podemos hacerla visible?

    Quizá a través de la trayectoria de sus profesionales, de su formación, de los años de actividad, de los tratamientos en los que están especializados o del conocimiento que pueden compartir.

    Si hablamos de un equipo multidisciplinar, tendremos que enseñarlo.

    Si queremos transmitir cercanía, no basta con escribir la palabra «cercanía» cinco veces en la web.

    Hay que encontrar aquello que realmente permite que otra persona llegue a esa conclusión.

    Aquí es donde empezamos a convertir el posicionamiento en autoridad.

    Y también donde la comunicación deja de depender tanto de decir lo buenos que somos.

    7. Ahora sí: elegir canales y contenidos

    Llegados a este punto, ya podemos hablar de la web, Google, el blog, Instagram, LinkedIn, YouTube, TikTok o cualquier otro canal.

    Pero ahora la conversación es diferente.

    Ya no estamos pensando:

    «¿Qué publicamos esta semana?»

    Estamos pensando qué necesitamos comunicar, a quién queremos hacerlo llegar y qué canal puede ayudarnos mejor.

    Puede que una clínica necesite trabajar primero su web porque es el principal lugar al que llegan las personas después de una recomendación.

    Otra puede tener una web muy bien desarrollada pero una presencia en redes sociales que no está aprovechando el conocimiento de sus profesionales.

    Y otra quizá tenga mucho sentido que trabaje contenidos para Google porque existen búsquedas relacionadas con sus tratamientos en las que puede aportar información útil.

    No todas necesitan hacer lo mismo.

    8. Convertir la estrategia en algo que pueda mantenerse

    Hay estrategias que quedan estupendas en una presentación y duran aproximadamente hasta que empieza el trabajo de verdad.

    Por eso, cuando planteo una estrategia, también necesito pensar si la organización va a ser capaz de mantenerla.

    ¿Quién va a participar en los contenidos?

    ¿Cuánto tiempo pueden dedicar los profesionales?

    ¿Tenemos capacidad para grabar?

    ¿Quién revisará la información sanitaria?

    ¿Con qué frecuencia podemos publicar sin terminar convirtiendo la comunicación en una carga para todo el equipo?

    Prefiero una estrategia algo menos ambiciosa que pueda mantenerse durante un año que un calendario espectacular que se abandone a los dos meses.

    La consistencia también forma parte del posicionamiento.

    Una estrategia no termina cuando empezamos a publicar

    Una vez puesta en marcha, toca mirar qué está ocurriendo.

    No únicamente cuántos likes tiene una publicación.

    Me interesa saber qué contenidos están generando interés, por qué búsquedas está llegando gente a la web, qué páginas reciben más visitas, qué preguntas aparecen una y otra vez o qué temas están ayudando a que los profesionales sean reconocidos por aquello que queríamos trabajar.

    Esos datos sirven para ajustar la estrategia.

    Porque tampoco creo en preparar un documento en enero y seguirlo exactamente igual en noviembre aunque todo alrededor haya cambiado.

    La estrategia marca una dirección, pero tiene que poder evolucionar.

    De aquí nace mi forma de trabajar

    Cuando puse en orden todos estos pasos me di cuenta de que mi forma de abordar la comunicación podía agruparse en cinco grandes fases.

    Son las que forman el Método IMPRONTA:

    Identidad → Posicionamiento → Autoridad → Comunicación → Consistencia

    No significa que cada fase termine por completo antes de empezar la siguiente. En la práctica se relacionan constantemente.

    Pero sí hay un orden que para mí importa.

    Primero necesito conocer bien la organización. Después decidir qué posición queremos construir y encontrar aquello que nos permite sostenerla. A partir de ahí podemos comunicar y trabajar para que esa comunicación tenga continuidad.

    Por eso, cuando una clínica me pregunta qué haría con sus redes sociales, mi primera respuesta casi nunca empieza hablando de redes sociales.

    Necesito saber antes qué tenemos que conseguir con ellas.

    ¿Por dónde empezarías en tu organización?

    Antes de cambiar la web, abrir un nuevo canal o empezar a publicar más, conviene saber qué está funcionando, qué no se está trasladando bien y dónde están las oportunidades.

    En mi auditoría estratégica analizo precisamente ese punto de partida y preparo una hoja de ruta con las prioridades que trabajaría.

  • Qué es la comunicación sanitaria y por qué necesita una estrategia

    Qué es la comunicación sanitaria y por qué necesita una estrategia

    Cuando hablamos de comunicación sanitaria es fácil pensar primero en redes sociales, campañas de prevención o información dirigida a pacientes.

    Pero la comunicación de una organización sanitaria empieza mucho antes.

    Una clínica comunica a través de su página web, cuando presenta a los profesionales que forman parte de su equipo o cuando explica un tratamiento. También lo hace cuando responde una reseña, publica un vídeo o aparece en los resultados de Google.

    Incluso cuando no está haciendo nada de manera activa, sigue comunicando.

    Por eso, para mí, una de las primeras preguntas no debería ser cuánto tenemos que publicar o en qué redes sociales debemos estar.

    Antes necesitamos saber qué queremos que una persona entienda de nuestra organización cuando entra en contacto con ella.

    Y ahí es donde empieza realmente la estrategia.

    ¿Qué es la comunicación sanitaria?

    La comunicación sanitaria engloba la forma en la que profesionales y organizaciones del ámbito de la salud se relacionan y comparten información con sus diferentes públicos.

    Y esos públicos no son únicamente los pacientes.

    Dependiendo de la organización podemos estar hablando también de familiares, otros profesionales sanitarios, instituciones, medios de comunicación o de la sociedad en general.

    Por eso tampoco existe una única manera de trabajarla.

    La comunicación de un hospital tiene unas necesidades diferentes a las de una clínica dental. Lo mismo ocurre con un colegio profesional, una fundación o una sociedad científica.

    Lo que comparten todos ellos es algo que me parece especialmente importante: trabajan en un ámbito en el que la confianza tiene un peso enorme.

    Y eso condiciona necesariamente la forma de comunicar.

    Tener redes sociales no significa tener una estrategia de comunicación

    Esta diferencia me parece fundamental.

    Una organización puede tener una web, publicar tres veces por semana en Instagram, enviar una newsletter y mantener activo su perfil de LinkedIn.

    Y aun así no tener una estrategia clara.

    Porque los canales vienen después.

    Antes tenemos que decidir qué queremos conseguir con nuestra comunicación, a quién queremos dirigirnos y qué queremos que esas personas perciban de nosotros.

    Pensemos, por ejemplo, en una clínica que quiere ser reconocida por la experiencia de su equipo en un determinado ámbito.

    Si ese es uno de sus objetivos de posicionamiento, tendremos que preguntarnos si actualmente esa experiencia resulta visible.

    ¿Cómo se presenta al equipo en la web? ¿Los profesionales participan en los contenidos? ¿Estamos explicando aquello en lo que están especializados? ¿Una persona que llega por primera vez podría entender por qué existe esa autoridad?

    A partir de esas respuestas podremos decidir qué contenidos necesitamos y qué canales tienen sentido.

    Empezar directamente por «tenemos que hacer más reels» sería empezar por el final.

    Persona buscando una clínica dental en Internet tras recibir una recomendación.

    La forma de buscar una clínica también ha cambiado

    Hay otro motivo por el que creo que la comunicación digital merece especial atención en el ámbito sanitario.

    Pensemos en algo bastante cotidiano.

    Necesitas un dentista y preguntas a alguien de confianza.

    Te recomienda una clínica a la que lleva años yendo.

    Hace tiempo quizá habrías llamado directamente para pedir cita.

    Ahora es muy posible que, incluso teniendo esa recomendación, antes busques el nombre de la clínica en Google.

    Quieres saber dónde está. Entras en su web. Miras quiénes son los profesionales. Lees algunas opiniones. Quizá terminas viendo sus redes sociales.

    La recomendación sigue teniendo muchísimo valor, pero entre esa recomendación y la decisión ha aparecido una fase que antes tenía mucho menos peso.

    Yo la resumo así:

    Recomendación → búsqueda → comprobación → decisión

    Y durante esa comprobación la clínica ya está comunicando con una persona que todavía no conoce.

    ¿Qué ocurre con las organizaciones sanitarias que llevan años construyendo su reputación?

    Este punto me interesa especialmente porque es donde he decidido centrar buena parte de mi trabajo.

    Hay clínicas que llevan 15, 20 o 30 años funcionando. Tienen un equipo consolidado, pacientes que llevan mucho tiempo confiando en ellas y una reputación que se ha construido poco a poco gracias al trabajo realizado.

    Cuando entras en la clínica dental, todo eso se percibe.

    Sin embargo, a veces la buscas en Internet y cuesta encontrar la misma realidad.

    La web puede haberse quedado antigua, los profesionales apenas aparecen, las redes sociales no tienen una dirección clara o el contenido no permite entender qué hace realmente diferente a esa clínica.

    Y aquí no creo que la solución sea inventar una nueva imagen para Internet.

    Precisamente al contrario.

    El trabajo consiste en conseguir que la presencia digital sea capaz de trasladar mejor el valor que ya existe dentro de la organización.

    ¿Por dónde empieza una estrategia de comunicación sanitaria?

    Antes de decidir contenidos y canales necesito entender muy bien la organización con la que estoy trabajando.

    ¿Cómo ha llegado hasta aquí? ¿Por qué la eligen actualmente sus pacientes? ¿Qué experiencia tiene el equipo? ¿Qué quiere conseguir durante los próximos años? ¿Hay alguna especialización por la que quiera ser especialmente reconocida?

    También necesito ver qué ocurre cuando salgo de la organización y la observo desde fuera.

    Porque una cosa es lo que creemos que estamos transmitiendo y otra lo que realmente puede percibir alguien que todavía no nos conoce.

    De ese análisis salen muchas de las decisiones posteriores.

    En mi caso, he terminado ordenando esta forma de trabajar en cinco áreas que forman el Método IMPRONTA:

    Identidad → Posicionamiento → Autoridad → Comunicación → Consistencia

    Primero necesito entender quién tengo delante y qué valor existe ya. Después puedo trabajar cómo queremos posicionarlo y qué elementos permiten demostrar esa experiencia.

    Solo entonces llega el momento de decidir cómo vamos a comunicarlo y conseguir que todo tenga continuidad.

    ¿Qué papel tienen entonces las redes sociales?

    Uno importante, pero no son el centro de toda la estrategia.

    Instagram puede ayudarnos a acercar el equipo de una clínica a sus pacientes. LinkedIn puede ser muy interesante para trabajar el posicionamiento profesional de una organización o de sus especialistas. El vídeo nos permite explicar cuestiones que pueden resultar difíciles de trasladar únicamente mediante texto.

    Pero habrá organizaciones en las que Google o la web tengan mucho más peso que Instagram.

    Por eso no creo que una estrategia de comunicación sanitaria deba empezar decidiendo en qué red social vamos a publicar.

    Los canales tienen que elegirse en función de dónde está nuestro público y qué necesitamos conseguir.

    Comunicar más no siempre significa comunicar mejor

    Cuando una organización siente que su presencia digital no está funcionando, es bastante habitual pensar que necesita aumentar la frecuencia.

    Más publicaciones. Más vídeos. Más actividad.

    Yo prefiero revisar primero qué estamos haciendo con todo lo que ya tenemos.

    Puede que el problema no sea que una clínica publique poco. Puede que lo que esté publicando no esté ayudando a entender su posicionamiento.

    O que tenga profesionales con una enorme experiencia que prácticamente no aparecen.

    O que esté haciendo un esfuerzo importante en redes sociales mientras su página web sigue sin explicar bien quiénes son.

    Antes de producir más contenido merece la pena comprobar si todo lo que ya estamos comunicando va en la misma dirección.

    La comunicación sanitaria empieza antes de publicar

    Esta es probablemente la idea con la que me gustaría cerrar este primer artículo.

    Trabajar la comunicación de una organización sanitaria no consiste en llenar un calendario de contenidos.

    Consiste en entender qué organización tenemos delante, qué queremos conseguir y cómo podemos hacer visible aquello que realmente tiene valor.

    Después vendrán la web, Google, el blog, LinkedIn, Instagram o los formatos que tengan sentido en cada caso.

    Pero cuando existe una estrategia detrás, cada uno de esos canales deja de funcionar por separado y empieza a contar una misma historia.

    Y para las organizaciones sanitarias que llevan años construyendo una reputación fuera de Internet, ese trabajo tiene todavía más sentido: no necesitan empezar de cero, necesitan conseguir que todo lo que ya han construido también se entienda cuando alguien las busca por primera vez.

    ¿Tu presencia digital refleja realmente el nivel de tu organización?

    Si llevas años construyendo una reputación y sientes que cuesta percibirla cuando alguien te encuentra en Internet, puedes conocer cómo trabajo la comunicación estratégica sanitaria y el Método IMPRONTA.